Pues eso. Qué puedo añadir. Que ni siquiera he jugado a todos (tengo unas lagunas con esa consola absolutamente vergonzosas) y por tanto, y hasta nueva orden, mis favoritos son los obvios: R-Types y los Gradius. Repasen estas balaseras retrofuturistas y cuéntenme: ¿cuáles son los suyos?
Porque nunca viene mal la recapitulación de logros históricos, de cosas que ya no funcionan, de colorinchis no superados y de conceptos históricos, 95 clásicazos, unos de consideración más merecida, otros menos, disponibles para ser jugados in-me-dia-ta-men-te.
Otro número de Xtreme cerrado, otros ocho años envejecidos de golpe. Me cago en la leche.
Nada mejor que poner todas las cartas sobre la mesa para solucionar conflictos de marca que se remontan al amanecer de los tiempos. Particularmente, comparar las versiones de Commodore y de Spectrum de los mismos juegos me parece abusar un poco, pero como cuadro sinóptico de valores no está nada mal. Lloren si quieren, pero no vengan luego con monsergas.
Me topo en el estupendo blog dedicado a la cultura retro Racket Boy un breve pero muy sugerente post acerca de cómo resucitar la franquicia Metroid en condiciones. En condiciones bidimensionales, claro. Racket Boy recuerda un par de proyectos de aficionados que aún siguen en pie (ese remake de Metroid II inexplicable que aún no haya encabezado Nintendo, el apetecible Metroid: SR388 y un Metroid en HD que de momento es pura fanfiction), se cuestiona qué pasó con Metroid Dread y se pregunta por qué demonios no tenemos una recopilación en condiciones de los Metroid en 2D. Todo muy razonable, muy apetecible, y yo no he parado de salivar con este rápido repaso, porque ya saben que pocas cosas hay mejores que los Metroid en 3D, y son… eso mismo.
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Pues no estuvo nada mal lo de la FNAC. Yo me trabé menos de lo habitual, nos reímos como asnos, recibimos apoyo de una notable cantidad de lectores de Xtreme encantados con la revista y no volaron las hostias porque todos llevábamos gafas. Mr. Green, de GamesAjare, tuvo el detalle de: a) regalarme una chapa de Commodore; b) grabar las minicharlas para su solaz de ustedes. El que no fue no sólo se perdió el choque cultural, sino que se perdió las cervezas de luego, que aquello sí que tuvo una densidad cerebral que pa qué.
La evolución de Mario con música de Zelda. No me pregunten por la conexión. A mí el montaje, en cualquier caso, me inspira muchas cosas. Ninguna buena.
Me vuelve loco la arquitectura física de los primeros cacharros digitales, aquellos que arrastraban todos los vicios de la era analógica, y que se planteaban como meras evoluciones con teclitas de tiempos más complicados y, a la vez, más sencillos. La selección de fotos de los primeros tiempos de los ordenadores, digamos, personales, que propone Dawn of the Computer Era es absolutamente gloriosa. Si alguien echa de menos esto que se lo haga mirar, pero no se puede negar que como ejercicio visual de alto riesgo no tiene precio.
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