eunice, que ya sabe que al final mi coordinación ojo-mano se reduce a dos cosicas mal contadas, me envía la espléndida galería de Surround en deviantART. Heredera de la estética de las cassettes de gasolinera con versiones eurobeat de clásicos de Los 40, tiene más de una ilustración que hará sus delicias. Cuidado con los bloques.
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Lanzar, en pro del hype o del tedio, screenshots falsas para confusión de público y prensa se ha convertido en costumbre que a veces da lugar a creaciones tan conseguidas como la de este hipotético Half-Life 3. Preciosa y creíble, pero que ha caído en un fallo sumamente tonto: Gordon nunca cojería una palanca que no fuera roja.
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Vista, junto a otras de calaña similar, en Games Radar.
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Sobra decir que este recortable es bonito, pero nada como nuestro Joystick Terrorism…
ChemicalAlia, a quien descubro a través de Destructoid, tiene una impresionante galería de rendiciones de personajes clásicos del medio. De todos ellos, sin duda, me quedo con esta Chell a la que apenas vemos en Portal, aunque su sincero homenaje al mundo bitridimensional de Super Paper Mario también me tiene cautivado.
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Les pido disculpas por el prolongado silencio. Cierre + ideas en ebullición + avalancha de actividades extraescolares = retrasos en las actualizaciones del/los blog/s. Todo esto acabará redundando en beneficio cultural (ya que no económico) de todos. En fin, les ruego me perdonen, que se que lo hacen, que permanezcan a la escucha y que acepten este bello wallpaper como muestra de respeto hacia ustedes.
No estoy seguro de que todo el mundo vaya a entenderlo, pero qué demonios. Es lo más gracioso que he visto en toda la semana.
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(Pincha para verlo gigante. Y mucho más en el deviantArt de spacecoyote)
No me declaro fan fatal de GTA a pesar de mi devoción por el Rockstar style, pero sí soy rendido admirador de todo lo que rodea al juego: cómo ha creado una psicología GTA, una forma de jugar y una forma de exprimir el juego. Me encanta leer proezas más o menos flipadas de sus jugadores, porque es en estas anécdotas de juego donde se traza la línea divisoria entre el maestro y sus clones. En ese sentido, y aunque sigo manteniendo mis (supongo que fundadísimas) dudas acerca de que GTA IV vaya a ser remotamente tan revolucionario como GTA III, ya empiezan a conocerse detalles del gameplay que revelan no un destrozo de Todo Lo Que Conocemos, pero sí un satisfactorio generador de hisstorias increíbles. Que, no lo olviden, son las que generan un gran juego. Por ejemplo, el jefazo de Rockstar Dan Supremo cuenta en la Revista Oficial Playstation de Reino Unido:
“There are so many defining moments, but a recent one was during a police chase. A song I love came on one of the radio stations while I had two cop cars chasing me through Chinatown. I was speeding along when another cop car I hadn’t seen rammed me straight on, our cars crunched together, and I was sent flying through the windshield. I ducked into cover and could still hear the song playing from my smashed-up car. Then the cops opened fire, but one of them hit a pedestrian who pulled out his gun and started shooting. The next thing I know, there was a full-scale war going on between a random gang and the cops. Within a few seconds all the cops were dead and the gang members walked away. I got hold of another car and quietly drove out of the search area to lose my wanted level.“
Jim Preston nos sacude desde Gamasutra con un interesantísimo ensayo acerca de la sempiterna y algo obsesiva lucha de algunos estudiosos del medio buscando que a los videojuegos se les considere arte. Un debate cansino, fatuo y estéril, si quieren saber mi opinión (dignificación del medio, sí, gracias; etiquetación a golpe de prejuicios forjados el siglo pasado, no, por favor). Pero la opinión de Preston es algo más compleja y, a la vez, sensata: aquellos que braman que los videojuegos deben ser Arte, así con su mayusculita, no son precisamente estudiosos del Arte, con su mayusculaza. Lo que esta gente quiere es una normalización de su hobby y un reconocimiento mediático. Y a ser posible, que no se acuse a un videojuego de asesinar críos, que ya estamos mayorcitos.
Al hablar de Arte, Preston a lo que hace referencia realmente es al Arte Estadounidense, pero en estos tiempos que vivimos, creo que podemos prolongar ese radio de acción al Arte Occidental y, sobre todo, a la confusión entre Arte y Cultura, y entre Mass Media y Pop DesControl. Un batiburrillo de influencias que llevaría toda una vida desenmarañar (eso contando con que sea posible desenmarañarlo) y que no se tiene en cuenta cuando se suelta en un foro “Eh, que los videojuegos son también Arte“. Que quiere decir “Eh, que los videojuegos son también respetables“, como si el Arte lo fuera. Como si el Arte, a estas alturas, existiera bajo esas coordenadas. Preston mete el dedo en la llaga: no es que los videojuegos no sean arte, no es que sí lo sean, es que es ridículo preguntárselo.
Al próximo que brame la frase-muletilla de los videojuegos y el arte, le preguntan cual fue su último contacto con el arte fuera de los videojuegos. Si es ágil (o viejo) les nombrará un tebeo. O muy posiblemente no sepa que responder. Mi último contacto con el Arte con mayúsculas ha sido hace diez minutos, viendo a John Belushi disfrazado de abeja en un DVD de la primera temporada de Saturday Night Live. Por eso, exactamente por eso, a mí no me van a volver a ver discutiendo una nadería como si los videojuegos son o no son arte.
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Me he enamorado de esta maravilla que he visto en Geekologie y cuyo coste asciende 82 dólares aproximadamente. Apestando a plástico como él solo, podría ser perfectamente el reloj de pulsera que adornara la muñeca de un rolling thunder o algo peor.