Ando dándole vueltas, acojonado como de costumbre, al nuevo Silent Hill de PSP. Reformular una y otra vez el mismo punto de partida (¡eh! ¡nueva plataforma! ¡demos por sentado que todos los usuarios son completamente nuevos! ¡contémoslo todo desde cero!) es un juego arriesgado (y esperen a la versión de PS3: niebla más real que nunca; el único efecto atmosférico que ya era ultrarrealista en PSOne, y vamos a tener que ver una de vídeos sobre lo lograda que está la niebla que no va a haber quien lo aguante). Pero paradójicamente, lo cierto es que Konami ha exprimido la burra con cierta discreción. Comparada con otras series de múltiples spin-offs, la saga Silent Hill ha visto nacer unas cuantas secuelas, pero todas concebidas desde cierto, moderado pero consistente control artístico.
La cuestión es que ya se puede hablar de Silent Hill, la película, con cierta frialdad. Cuando se estrenó se dijeron muchas tonterías, todas ellas con respecto a la supuestamente necesaria fidelidad a la fuente original (los mismos asnos, además, que ya se quejan por anticipado de que los guiones de Street Fighter y Tekken van a ser una mierda, guiones de pelis basadas en juegos… ¡de hostias!), así que ya podemos relajarnos y decir qué nos pareció. Abrieron fuego en su día, y eso sí que hay que reconocérselo, los chicos de la cada vez más imprescindible The New Gamer, con una conversación donde diseccionaron en profundidad los logros y carencias de la película. A veces pecan quizás de exceso de integrismo fanboy, pero hay que reconocer que son opiniones casi siempre bien fundamentadas y, en cualquier caso, expuestas desde el amor a la serie, no desde el espíritu de patio de colegio que tan a menudo gastamos por aquí
December 27th, 2007 a las 11:37 am
Don Tones, ¿conocía usted esto?