Más de uno de ustedes debe estar al tanto del increíble trabajo del animador Paul Robertson, pero no me resisto a pegar aquí el ya muy popular corto animado Pirate Baby’s Cabana Battle Street Fight 2006. Si alguien no lo conoce, que sepa que envidio profundamente lo que va a experimentar acto seguido. Es, sencillamente, el mejor videojuego que nunca ha existido.
Me resulta curioso cómo está evolucionando todo el fenómeno machimina. Hemos pasado de ver una extirpación de según que soluciones visuales de los videojuegos para imitar otros medios a contemplar el proceso radicalmente opuesto: cada vez hay más animación original que, en el fondo, desearía ser un videojuego. Y entonces repite animaciones, recursos, gráficas propias de los arcades añejos para buscar una respuesta pauloviana en el espectador de la animación, y hacerle creer que jugó a algo que no ha existido.
¿Cuál es el siguiente paso?
Díganmelo ustedes, y mientras disfruten de otra vuelta de tuerca, también de Robertson. Los sprites que usan la animación limitada pero expresiva de los videojuegos de consola nipona de los ochenta para reforzar visualmente los repetitivos engranajes sonoros del tecnopop:
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