Al final, los videojuegos no son más que líneas de código. Por eso, me inquieta y desconcierta (desde mi perspectiva de absoluto negado para cualquier cosa remotamente relacionada con la ciencia) cuando matemáticos, físicos y población geek en general comienza a buscarle las cosquillas al universo paralelo de los videojuegos con intenciones de adaptarlo a una realidad, la nuestra, que a excepción de festivas aproximaciones como Crank, es mucho más rígida e inabarcable. Digámoslo así: ¿por qué se molestan en explicarlo desde la física cuando se puede hacer desde la metafísica?
La física se pone metafísica a veces, no obstante (ehm… de ahí el nombre, ya saben). Es el caso de este leve e interesante repaso a la topología de los videojuegos al que llegué a través de Microsiervos. En vez de buscar lógica en la burda imitación de la realidad que hacen los juegos actuales, se dirige a juegos que inventaban un universo propio e intenta ajustarlos a moldes teóricos de la física real, o al menos de la física teórica. Es decir, atentos al retruécano: busca la justificación física de aspectos imposibles de los videojuegos (como la conexión entre lados opuestos de la pantalla) que se han inventado única y exclusivamente para que los juegos sean más sencillos, jugables o divertidos aplicándole a mazazos modelos físicos. Es decir, aplicando reglas constrictoras (por lo que tienen de aproximación a la realidad) a la principal diferencia entre los videojuegos y la realidad: que las variables de estos pueden modificarse para que resulten más divertidos. Interesante contradicción.
Aún así, este post no resuelve la cuestión que más me intriga en lo que se refiere al pasillo interconectado de Pac-Man, y que si no recuerdo mal ya ha sido comentado alguna vez por aquí, pero que no me importa repetir porque, por lo que a mí respecta, es una cuestión que me produce un vértigo existencial de tres pares de cojones: Pac-Man, cuando pasa del extremo de la derecha a la izquierda de la pantalla, desaparece. Durante un breve instante, una milésima ridícula, en el laberinto no hay Pac-Man. Esto les puede parecer una tontería, pero teniendo en cuenta que la única manera de sacar a Pac-Man de su glotonería infinita es a través de la involuntaria destrucción de su universo en el nivel 256, el paso de un lado a otro del laberinto es una manera pacífica, casi espiritual diría yo, de liberar a la criatura esférica de su agónica huida, aunque sea por una leve fracción de tiempo. Pero claro, esto no hay física que lo explique.
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