Estuve en el X06 y, francamente, lo pasé muy bien. Aparte de que mi fanatismo por la consola de Microsoft comienza a acrecentarse a pasos de godzilla, he podido recabar opiniones de primera mano acerca de los temas candentes de rigor. Que si PSP is dead, que si Sony casi, que si Xbox ya veremos, que si el enigma Wii… Me ha complacido encontrar y conocer a gente del gremio que no están quemados por las circunstancias por todos conocidas, y que escriben y aprenden sobre videojuegos con un ímpetu que podría uno llegar a pensar que es merecedor de mejores metas.
Y también he conocido a gilipollas. Gilipollas que se escudan tras un disfraz de periodistas (un disfraz sumamente indigno, si me permiten la disgresión) para hacer negocios. Que se permiten insultar los juegos antiguos porque sólo les interesan a los freaks, que dividen los títulos en dos tipos, los que son superventas y los que no, y que no pueden parar de sacar a relucir la puta mierda, tan manipulable y tan maniquea, de que los videojuegos ingresan más que el cine porque blablablá.
No tengo nada en contra de quienes montan su negocio al amparo del pixel. A mí los videojuegos me dan de comer. Los product manager de rigor viven de los juegos, intentan vendernos su moto, y así es como debe de ser: al jugador le corresponde juzgarlos. El problema es cuando la línea entre empresario y periodista está trazada con cheques al portador: ¿ustedes le darían credibilidad a un periodista que pacta, no ya las opiniones, sino las puntuaciones exactas de los juegos y los sumarios de sus publicaciones? Yo tampoco.
Lo realmente grave es que, por algún motivo, percibí un respeto hacia esta especie algo preocupante. Curioso, sí: igual los males de la industria no vienen de los periodistas temerosos de que el cielo se desplome sobre sus cabezas, que sommos la mayoría, por desgracia, ni de las empresas que mejor o peormente lanzan un producto e intentan convencer al usuario de que apuesten por él. Igual teníamos que empezar a ocuparnos de los que meten la polla en todos los culos… y luego le piden a todo el mundo, con ojos de gatito recién nacido, que se corran en su jeta.
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