En el último número de Xtreme se me ocurrió, para abrir el suplemento, a modo de pseudoeditorial, hablar del retraso del lanzamiento de PS3 en Europa. Para no cortarme mientras lo hacía, lo aboceté en casa y lo terminé el día del cierre de la revista. Lo acabé, lo revisé, lo incluí en la página 3 y supe a ciencia cierta que no iba a pasar los filtros (pocos) que suceden siguen al momento en el que doy por bueno un texto.
El texto ya lo leerán, pero les adelanto que no tiene nada que no hayan catado ustedes, y multiplicado en intensidad y acidez. Es decir, para los anchos márgenes en los que se mueve la dialéctica en Internet, es un texto bastante relajado. Nada de “puta Sony, puta PS3”, sino más bien un (por qué no decirlo) sincero deseo de que PS3 salga adelante con un mínimo de dignidad… pero que en la compañía japonesa están sumando puntos para que eso no suceda. Lo acabé, como digo, consciente de que he escrito cosas mucho más agresivas en este blog, pero consciente también de que en los medios escritos las cosas funcionan de otro modo.
Pasé el texto, ya resignado a tener que podarlo yo mismo.
¿Y saben qué?
Pasó íntegro. No perdió ni una letra. Es más: mi jefe me dijo que por qué íbamos a cortarlo, si acaso eran insultos gratuítos, si estaba difamando a alguien, si no estaba diciendo algo que no pensara también hasta el sonyer más recalcitrante.
Con esto no quiero decir que en Superjuegos / Xtreme se respire un ambiente de libertad inusitada (que visto lo visto, también), sino más bien justo un matiz distinto: nos quejamos de la falta de honestidad e independencia de las revistas de videojuegos de puro vicio. A veces no se podan los textos a causa de decisiones industriales, sino más bien de propia pereza de los periodistas, que no quieren meterse en fregados, que no se deciden a soltar un poco de la bilis que llevan dentro, incluso aunque sea en proporciones (ya leerán el texto, y pensarán “¿y tanto rollo para esto?”) completamente inofensivas. Va a ser que somos los que firmamos al final de cada texto los que estamos demasiado cómodos. Quizás no se trata sólo de quejarnos de cómo nos tratan las compañías, sino que la presión empieza por uno mismo. Quizás se trata de que meneemos un poco más el trasero para espantar a las moscas. Que están dentro del trasero de cada cual, no fuera.
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