No sé qué pensar de lo de Sony, cómo expresar la noticia de que PS3 no sale en Europa hasta marzo de 2007 sin ceder a la tentación de pronunciar la palabra “fiasco”. Y no quiero porque luego se nos acusa por ahí de xboxers, y supongo que con razón. Pero, ¿saben?, esta vez no tengo que cortarme un pelo, porque decir que Sony tiene la visión empresarial de un armadillo no es tomar partido: es describir la realidad. Lo de dar dos años de ventaja a su competidora más directa, competidora a la que técnicamente tampoco van a mejorar monstruosamente, especialmente ahora que la consola de Microsoft está empezando a tomar carrerilla (Dead Rising es sólo el principio, ya verán) no es exceso de confianza: es del género tonto. Obligar por pasiva a las desarrolladoras a retrasar sus lanzamientos multiplataforma (el esperadísimo Strangehold: de noviembre de 2006 a marzo de 2007.. que apropiado, ¿eh?) no les va a hacer ganarse demasiadas simpatías tampoco. Si a la gente ya le costaba decidir si invertir su dinero en una PS3 en fe ciega mode, o en una 360 (que ya está demostrando unas cuantas cosas) + Wii, que no es por nada, pero para hacer el gamba en casa con los amigos se antoja perfecta, imaginen si Sony deja escapar las tentadoras Navidades por las buenas.
Tampoco quiero hacer sangre con esto: hay una razón muy clara para este retraso, y no obedece a temas de estrategias de marketing ni a maniobras editoriales, sino a una simple y pura cuestión de falta de material y previsión. De acuerdo: no hay maldad en mis palabras, oremos, lo siento por Sony. Sin rencores. Pero reconozcámoslo… ¿no proporciona esto una extraña sensación de satisfacción ante las desmesuradas muestras de egomanía y autosuficiencia con las que Sony nos ha venido obsequiando desde antes del E3?
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