En la infravaloradísima película Blues Brothers 2000 se alcanzaron varios hitos para la cultura pop internacional (el menor de los cuales no es, desde luego, ser el primer film protagonizado por un niño huérfano y bailarín al que no dan ganas de estrangular, más bien todo lo contrario). Uno de mis momentos favoritos es la conclusión de la prolongada persecución de la segunda mitad del film, que intentó superar los altos niveles de aluminio industrial retorcido y generación de chatarra rodada de la primera entrega. Como conceptualmnte era muy complicado, optaron por la acumulación, y ahí lo tienen, uno de los finales de persecución más deliranntes e imbéciles que se recuerdan, y una secuencia que recuerdo en todas y cada una de mis partidas al Burnout: en ella, los coches de policía, literalmente, llueven, amotonándose sin parar. Imagino el rodaje desde fuera de ese plano como un equipo técnico a gran distancia de la zona de choque contemplando impasible y concentrado cómo una larga caravana de coches de policía se abalanzan a toda velocidad para estrellarse entre. Hay pocos planos de choque de vehículos tan extraños y abstractos en la historia del cine, y este vídeo trucado con el editor de niveles del Trackmania logra igualar su magnetismo metálico. Se trata de un mismo circuito rodado mil veces y montado para que podamos ver todas las carreras de forma simultánea. Las levísimas variaciones de trayecto de un coche a otro, la impresionante visión de una avalancha de vehículos caídos del cielo, la ausencia de intervención humana dentro o fuera de los coches y los decorados oníricamennte paradisiacos componen la esencia pura, gracias al ingenio y la paciencia de unos cuantos fans, de la lírica del píxel.
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