No conozco a nadie que no piense que Rockstar está empezando a cruzar demasiado a menudo la fina línea que separa el hacer negocios perfectamente legítimos con sus creaciones y el ordeñamiento excesivo de las escasas franquicias que le proporcionan algún beneficio. La calidad justita de Liberty City Stories para PS2 (que ya era un título un poco chuchurrío, pero al menos era original), de gráficos de portátil y desarrollo absolutamente idéntico al de su hermana menor (incluída la situación de las infaustas cajas en el mapa) está granjeándoles críticas hasta ahora inauditas. Alguna que otra voz disidente se alza contra los nuevos derroteros que parece que tomará la saga: Vice City Stories para PSP, luego versión para PS2 o lo que toque, luego… ad nauseam. Las contadas novedades que pueda tener GTA4 quedarán sepultadas en un maremágnum de reciclaje de ideas que ya de por sí eran de segunda mano en su origen (entre ellas, las correspondientes versiones para Xbox de las entregas de la serie, cuestión que, al menos, quedará solventada a partir de ahora gracias a los devaneos multiplataforma que parece que tomará la saga).
En Mondo Pixel, no hace falta que lo subraye a estas alturas, somos muy fans de Rockstar y Take 2 en general y de la serie GTA en particular. Pero ni desde el fanatismo más recalcitrante se puede defender una postura que acabará dañando al sello porque está carcomiendo lo único de lo que podían presumir con cierta dignidad (una vez demostrado que, en lo comercial, están lejos de ser infalibles, y a excelentes títulos de ventas regulares me remito, como Red Dead Revolver o Manhunt): su imagen. Aunque Rockstar y Take 2 manejan con facilidad pasmosa millones y millones de dólares como cualquier multinacional del ocio que se precie (¿y la boutade del pastizal cedido para que se acabe de una puta vez el nuevo –en fin…- Duke Nuke’em?), pero debido posiblemente a las cantidades ingentes de muerte y sexo que manejan en sus juegos, dotamos al sello de cierto halo de independencia e iconoclastia, cuando en estos tiempos que corren, la ultraviolencia es el concepto más conservador de la cultura pop actual.
Conservador, pero nos gusta. Sin problemas con eso. El drama está cuando clamamos que “EA es el Mal Absoluto” por hacer esto mismo… pero con juegos de coches. O peor, cuando los propios fans echan en cara a Rockstar, siempre con el “vendidos” asomando por la boca, el haber programado una cosa tan preciosa y perfecta como Table Tennis, el mejor juego de la compañía desde Vice City… mientras no se cansan de ensanchar el ano para que la saga pagafacturas del sello les atice bien fuerte una y otra vez, y otra y otra.
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