Son ustedes unos pesados. No ustedes ustedes, sino ustedes en general. Los fans. Los jugadores. Los clientes de este negocio. Los voceadores que por hacer el esfuerzo (¡cinco minutazos!) de registrar en un foro un nick críptico, una fecha de nacimiento falsa y una cuenta de correo creada sólo para estos menesteres ya hacen un ruidazo con los temas más banales que no es ni normal ni sensato. De verdad, siéntense, respiren hondo. Relájense un poco. No es para tanto.
Lo de Wii no ha sido un error. Ni siquiera ha sido un movimiento desafortunado. Es lo que es: un nuevo nombre, llamativo, peculiar y puede que ni siquiera definitivo (aunque apostaría a que si no lo es, los tiros van a ir, en lo estético y lo fonético, por ahí). La verdad es que, pasado el estupor inicial, no creo que sea muy complicado racionalizar la cuestión, dejar de hacer chistes sobre pipí y pasar a otra cosa. Desde luego, no es el nombre que yo le habría puesto, pero… oigan, a mí me gusta (y sólo han pasado unos días, esperen tres meses y lo defenderé a capa y espada, como si me viera). Desde luego, lo prefiero a Revolución, que lo único positivo que tenía es que ya nos habíamos acostumbrado a él. En serio. Será todo lo poético y épico-simbólico que quieran (no más que Invocador De Sueños, malditos japoneses), pero era horrible.
En cualquier caso, Wii no me parece mal ni como jugada de marketing (que hablen de ellos aunque sea mal), ni como concepto con cierto transfondo a) práctico, y b) de cambio de imagen. En lo práctico: cáguense en las agencias de publicidad si quieren, pero el comunicado oficial tiene razón. Wii es fácil de recordar, facilita un logo sugerente y que asocia varios conceptos que Nintendo quiere potenciar, suena como “nosotros” en inglés y como “sí” en francés, y sólo un puñado de anglosajones con edad mental rondando los trece años asocian con los pitos y el pis. Y sobre todo: los japoneses no saben pronunciar “Revolution”. Lloren. Pataleen. Pero ese es el mercado principal de Nintendo, y sus opiniones de ustedes importan bien poco a Madame N. Si les cabrea, ya saben qué consola no pedirle a los Reyes este año. Se llame como se llame. En cuanto al cambio de imagen, admito que coincido con eunice, nintendera convencida y frustrada a la que ya se la llevaron los demonios cuando vio el diseño de la Lite. Tiene razón, es demasiado Apple, es demasiada i minúscula repentina para una empresa cuya imagen corporativa siempre había optado por la saturación de colores chillones. Pero también es lo oficialmente cool, y francamente, creo que por una vez no estaría mal perdonar a Nintendo el que intente ampliar su espectro de público.
Nintendo tiene algo de lo que no pueden presumir sus dos competidores directos: la imagen de todos sus lanzamientos, tanto físicos como de imagen, siempre giran en torno a jugar. Siempre ha sido así, cuando era lo habitual y cuando ya no lo es. Y han acabado quedándose solos. Por eso Nintendo tiene esa legión de fanáticos (desde ahora les llamaremos Nintendodos, y sí, me lo acabo de inventar), y por eso tantos amantes de los videojuegos les tienen una simpatía y una capacidad de tolerar sus fallos mayor de lo normal. Me cuento entre ellos, remordimientos cero. Pero me cautiva, lo siento, que Nintendo no haya cedido no ya al carrerón de a ver quién la tiene más gorda antes ni siquiera de bajarse las cremalleras, sino ya directamente a la tentación de fabricar un maquinorro multimedia para sustituir a lo que, la última vez que me despisté, eran máquinas para jugar. Nunca odiaré lo suficiente a Sony por haber lanzado el reproductor de DVD más barato del mercado, y todo lo que eso trajo consigo. Wii no es ni una estación ni una caja, es una onomatopeya que sugiere todo lo que Nintendo quiera que sugiera, y ya adelanto que no va a ser reproducir películas de última generación, ni chatear con los coleguis. Bienvenido sea el wiismo sólo por eso.
Seamos razonables: poca gente va a dejar de comprar la consola por su nombre, por muy ridículo que nos parezca a la mayoría estas Navidades. Que ya les aseguro que no nos lo parecerá porque nos habremos acostumbrado. Nintendo quiere seguir atrayendo a casuals con ganas de jugar (aunque sea al sudoku). Sí, a esos mismos que han convertido Nintendogs o Animal Crossing en fenómenos de masas en Oriente. Por eso hace un mando con sensores, fáciles de entender, y por eso va a lanzar juegos de conducción asequibles y shooters para abuelas. Luego a nosotros nos gustarán más o menos dependiendo de estos códigos tan especializados en los que nos movemos, y que vuelvo a repetir, a Nintendo le importan bien-po-qui-to.
Posiblemente lo más irritante es el comentario que ha recorrido blogs de todo el mundo, esos que luego se cabrean cuando alguien les recuerda que a veces parecen alumnos de guardería que acaban de encontrarse un megáfono tirado en el suelo del patio. He leido más veces de lo que sería mínimamente razonable que Nintendo ha lanzado este nombre sin pensar, que ha sido lo primero que se les ha ocurrido… Estas cosas son siempre fruto de intensivos estudios de mercado y decenas de aburridos tests con gente que opina y opina y opina hasta que la empresa que los organiza está segura de que Wii está bien. Luego pueden equivocarse, pero por favor, dejen de decir que esto es fruto de una borrachera miyamotil de sake.
Insisto, Wii no me parece el mejor nombre del universo, pero por una vez, y algo entristecido por la avalancha rabietas, intento ser honesto conmigo mismo. Ninguna, insisto, ninguna de las virtudes que veía en la Revolution las he dejado de ver con este cambio, y si alguien las deja de ver es imbécil. La presentación de Nintendo sigue siendo lo que espero con más expectación de este E3, así que… dejen de refunfuñar un rato.
Se me ponen feísimos.
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