Recupero un post de hace tiempo de Joystiq que me parece sumamente interesante: en The Videogame Crash of 1983: myth or truth? se atreven a replantear uno de los capítulos esenciales de la historia de los videojuegos a través del sencillo y breve testimonio de alguien que, a veces las cosas hay que hacerlas así, estuvo ahí. Por aquellos tiempos, el Commodore 64 era en Estados Unidos casi tan popular como las consolas de Atari, y simplemente, afirman en el post, acabó (momentáneamente) el reinado de las consolas para que diera comienzo el de los ordenadores de 8 bits. Igualmente, no estaba tan lejos el comienzo del reinado de Nintendo. El lector Zerocorpse es suficientemente explícito: “Hubo juegos CADA AÑO de la década de los ochenta. No hubo ningún periodo de tiempo en el que no pudiéramos encontrar juegos en las tiendas. No hubo ningún periodo de tiempo en el que Epyx, Electronic Arts, y Capcom (entre otros) no tuvieran una plataforma para la que publicar. No hubo ningún periodo de tiempo en los ochenta en el que no pudieras encontrar un Atari 2600/5200/7800 en el que jugar a cientos de juegos”. Todo esto es muy relativo, y de hecho en los comments del post que les linko pueden oir unas cuantas opiniones disonantes. Diciendo, por ejemplo, que el crash sólo se refería a las consolas. O que el crash había que entenderlo desde un punto de vista meramente industrial, es decir, que conllevó un descenso notorio de la publicidad, inversiones y notoriedad del medio, pero a nivel usuario quizás no se notó tanto. Es obvio: Pac-Man llegó a ser Man of the Year en Time. Nada podrá igualar ese impacto, y si lo hace, pues será la segunda vez que pasa. Ya me entienden.
El caso es que los fans tenemos grabado a fuego el concepto del crash como una especie de apocalipsis videojueguil, creo yo que por culpa de la mitología que rodea al E.T., esas astronómicas cifras de pérdidas y la leyenda del entierro de millones de cartuchos en Nuevo México. Y la culpa la tenemos, una vez más, los periodistas, necesitados continuamente de un titular de impacto y de simplificar conceptos y dividir en fases artificiales lo que posiblemennte fue una crisis económica grave, pero no un holocausto del pixel.
Otro cantar, ya, en cuanto a crisis irremediables y crashes que ríete tú de Ballard, es lo que se nos viene encima un año de estos.
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