Ya estuvimos hablando de las notas hace un tiempo, y volvimos a hablar de ello decenas de veces, y volveremos, porque es un tema fascinante, repelente y odioso como pocos. Sentenciar la suerte de un juego con una calificación numérica que no tiene ninguna base sólida (la de elucubraciones que tiene que llevar a cabo un revieweador para diferenciar entre un 8.1 y un 8.2., oigan) es una actividad caduca e insensata desde su propio punto de partida, pero lo reconozco: ahora que he empezado a currar, cobrando por poner notas y por contar mi opinión, y he tenido que bregar con la responsabilidad que supone eso, me he dado cuenta de dos cosas, que espero que tengan en cuenta a partir de ahora. No lo interpreten como una defensa enfervorecida del tema calificativo. Entiéndanlo como una relativización de la postura fan.
Primero, siempre hemos dado por supuesto que las notas infladas en la prensa especializada (donde 8.5 quiere decir 7 y 9,5 quiere decir 8,6, por no decir que 6,5 quiere decir 3,8) tienen unos dobles culpables: la propia prensa, que no se atreve a poner en juego sus ingresos publicitarios por culpa de un quítame allá esos decimales, y de las compañías de software, que creen que el público cree en esas notas. Yo creía que se equivocaban. Creía mal. No había tenido en cuenta la tercera variable: el público, realmente, quiere notas. Quizás yo no. Quizás ustedes tampoco, que son unos raros. Pero el público sí. Los lectores de Hobby Consolas y Nintendo Acción (que son las revistas con los lectores más jóvenes que se me ocurren) quieren notas, y exigen que sean altas, y si un hit recibe menos de un nueve, los foros en internet hierven de indignación. Bueno, me dirán ustedes, pero esas revistas venden muchísimo, en revistas más independientes no pasa… Pero es que no se trata de eso, se trata de que si una reseña de un juego no lleva nota, el lector medio considera que está incompleta, porque está acostumbrado a mirar primero la nota y después leer la reseña, relativizando e incluso completando la información escrita con lo que se puede sobreentender de esa cifra. A la mayoría de los lectores, una reseña sin nota se les queda coja, así que menos “es la industria, es la industria” y más mirarnos los calzoncillos, que hace tiempo que están rotos y huelen mal.
Segundo, y este tema es mucho más peliagudo. En la revista en la que escribo, hace unos meses, antes de que empezara a trabajar allí, un juego polémico y discutido, basado en una película de éxito, recibió una nota bastante alta. Otras revistas del sector y webs varias habían sido algo más duros que ese noventa y pico que, creo recordar, casi nadie compartía. Ni siquiera en la redacción. Hablando con cierto tono marisabidillo del que ahora me alegro que me hicieran bajar a coscorrones, sugerí que quizás esa nota no era del todo justa. Un redactor me dijo que el juego le parecía infecto, pero que se respetan las notas y la opinión del que las pone, del que le toca el juego. En muchas revistas de cine las películas son reseñadas por el crítico al que más le ha gustado cada título, y así se huye de forma elegante y sin compromisos de opiniones conflictivas. Eso no se puede hacer con los videojuegos por razones prácticas, así que honestamente, me dirigí a este chico, le pregunté, y sí: el juego le había gustado. Honestamente. Me explicó los porqués, me parecieron razonables, y hasta me avergoncé levemente por haber dudado. Eso no quita, por supuesto, para que la nota siguiera estando hinchada, pero eso como todas: es un mal endémico de la prensa, quizás del mismo concepto de las notas, pero no era un problema con ese juego. A ese crítico le había gustado.
¿Todo esto a dónde nos lleva?
Ehm…
Miren, la justicia, el bien, el mal, son todo conceptos relativos, y si hablamos de videojuegos, ni les cuento. Por suerte, hay donde elegir, ¿verdad? Pueden ustedes ir a la revista, incluso al crítico que más les guste, y crucificarlo. O creer a pies juntillas todo lo que diga. Desde medios más o menos independientes como este, o como tantos otros blogs que leen ustedes cada día podemos cagarnos en el concepto de las notas, porque es aberrante, pero eh, luego cada nota es cada nota. Tengan en cuenta eso. Y lo que pueden ir haciendo, para empezar, es leerse las críticas completas. Y olvidarse de los numeritos. Que parecen de ciencias a veces.
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