”El videojuego, antes de poder ser disfrutado, tenía que cargarse. Tenías que dejar pasar una cara completa de la cinta, lo que podría llegar a durar ¿diez? ¿quince? ¿veinte minutos?, y en más de una ocasión la espera no valía para nada: Los cabezales reproductores que solian acompañar las pletinas del Spectrum eran una soberana mierda. De tus juegos, a medida que pasaba el tiempo, cada vez eran menos los que llegaban a cargar correctamente, y en muchas ocasiones no se confirmaba el fracaso hasta que la cinta llegaba a su fin. Por eso “quedar para jugar al spectrum” exigía una elaboración detallada del planes B. Porque con el Spectrum la espera tenía más peso que los juegos en sí.”
El penúltimo post de Nacho Vigalondo no habla de qué tiempos aquellos. Habla de la existencia de Dios. Y dicen que el Green Beret era un juego sin argumento. Mis cojones sin argumento…
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