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La cosa del arte
// Posteado por John Tones
January 24th, 2006

Risa tonta (pero tonta) me da con cómo se ha puesto la gente con la última parida de Kojima. Que también se ha quedado descansando, quién lo duda, con su espectacular “los videojuegos no son arte”. Cuando esto lo dice un tertuliano de la COPE, es que nos tienen marcaos, es que nos tienen ojeriza, es que a este ritmo nunca vamos a tener la misma consideración que la pintura, el cine o el punto de cruz. Cuando lo dice el cincuenta por ciento de los entes infalibles de la industria (la otra mitad es Miyamoto), aún tratándose de la misma gilipollez, es que esto es lo último que nos hace falta, tenemos a los traidores entre nuestras filas, es el fin de los Videojuegos Como Arte.

El más sensato ha sido, una vez más, Mr. Pengo, que al menos ha sabido relativizar la cuestión hasta el punto correcto, dándole la importancia que merecen las declaraciones del Genio: ninguna. Los chicos de Anait Games, en cambio, deberían centrarse un poco, porque creo que actitudes como las de ellos (tiemblo ante esa carta abierta que prometen, y no de gustirrinín precisamente) son las que nos confinan a los jugadores a un estado marginal en el que, particularmente, no me encuentro demasiado cómodo.

Amigos, tengo noticias para todos: debería importarnos una mierda si los videojuegos son arte o no, porque para empezar, como dice Pengo, deberíamos tener claro qué es el arte. Es una cuestión que yo no tengo demasiado clara, y que gente infinitamente más sesuda que yo lleva intentando dilucidar desde hace décadas. Así que no nos pongamos culturetas ahora: el videojuego, como los tebeos y los videoclips, son cultura popular. Y esa definición debería resultarnos infinitamente más halagadora (y por otra parte, nadie niega la inclusión del videojuego en esa parcela de la creación humana, ¿verdad?) que las pajas mentales de Kojima sobre museos, públicos, intenciones y resultados de la opus.

La reacción de los fans está siendo risible y desproporcionada: “¡¡¡PERO CÓMO QUE NO ES ARTE!!!” (dice el chaval de catorce años antes de abalanzarse sobre el King Kong para DS y/o el anuncio de politonos previo al programa de hoy de Allá Tú). Que también son cultura popular, como los videojuegos, de aquella manera y con dos cojones, pero que indudablemente, y aquí coincidirán todos, no son arte. Me hace gracia ver a imberbes (cuestión de edad, ojo, que quiere decir ni más ni menos que les falta un hervor) defendiendo con uñas y dientes (atreviéndose a decir que Kojima se equivoca, ¡al definir sus propios juegos!… chicos, si el hombre ha decidido que sus juegos no son arte… déjenlo; sus razones tendrá) la absoluta e indudable clasificación de Arte con A mayúscula a Todos Los Videojuegos del Universo. Es una actitud muy generosa. Muy, muy generosa. Una generosidad merecedora de causas más sensatas. Pero insisto, es que no es esa la cuestión: la cuestión es que estoy viendo cómo definen el Arte, sus límites, sus variables, sus condiciones y su historia a gente a la que, háganme el favor de mirarme a los ojos y decirme si no estoy en lo cierto, el arte y sus intenciones les traen más bien al viento. El de los museos y el otro.

Toda esta actitud, tan estúpida como las declaraciones de Roger Ebert que comenzaron todo, e infinitamente más necia que las, en el fondo, inocentes declaraciones de Kojima, me recuerda a las parejas gays que quieren casarse por la Iglesia y bautizar a sus hijos adoptados. “Es que tenemos derecho”. Sí, claro, que tienen derecho. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es PARA QUÉ narices, desde un punto de vista no ya práctico, sino directamente lógico, quieren tenerlo. Almas de cántaro, jugadores del mundo, ¿para qué narices queréis que el medio de comunicación que ha inventado y hecho evolucionar nuestra generación se adscriba y se deje malear por los códigos, los márgenes y las etiquetas de nuestros tatarabuelos? Dejemos de bajarnos los pantalones.

Por una vez.

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