John Tones
50% furia, 50% pochez: ¡Pí­xeles como puños y puños como pí­xeles!
eunice szpillman
Pizpireta y talentona, diseñó todo lo que ven y parte de lo que no ven.
Chaiko
Como persona, excelente. Pero no se le acerquen cuando tiene una granada.
Mr. Asterisco
Overdriveado todo el santo dí­a y con espí­ritu de Metal Slug.
Nacho Vigalondo
Le nominaron a un Oscar, pero sigue pagando los juegos de su bolsillo.
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Seguimos en nuestra línea de cacharrería insensata para jóvenes especiales. Ahora, con el suministro de www.hardcore-gamer.net






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Cosas que pasan, cuando pasan
// Posteado por John Tones
August 7th, 2005

Mi último post ha desatado algunas opiniones contrapuestas, generalmente de acuerdo con mi pesimista visión del futuro, e incluso un post independiente en el blog de Don Depre, cosa que me honra, aunque una vez más, no coincido con su opinión.

No coincido porque Mondo Píxel nunca ha sido un blog abiertamente retro. Nos interesa la historia del medio, claro que sí, y nos cagamos en la industria actual (y lo que queda), pero nunca hemos estado demasiado cegados por las glorias del pasado. Estoy convencido de que antes había tantos juegos mediocres como ahora, y que además nos los zampábamos sin rechistar, pero quizás no dejé suficientemente claras las intenciones del (vale, lo reconozco) algo difuso post de la semana pasada: esta vez no hablaba de la pérdida de la originalidad, ni de que ya no se hacen juegos como antes (es más, creo que la comparación la sacaron ustedes con los comments: yo dije que me estaba volviendo a jugar el Aladdin como podía haber dicho que estaba revisándome mis viejas cintas con copias de octava generación de Pee-Wee’s Playhouse; me refería a que no me apetece jugar, no que esté gozando como una perra de los juegos antiguos). Mi objetivo, el blanco de mis iras es la industria. Yo soy capaz de encontrar juegos buenos en cualquier época, pero es que el alrededor, el inevitable acompañamiento compuesto de marketing, maniobras publicitarias, millones de dólares invertidos en hacernos tragar la mierda de turno ha cambiado. Créanme, lo sé, estoy dentro.

No me digan que antes era todo igual y que lo vemos filtrado por la miopía nostálgica. Claro que Sol Negro era un pastiche injugable a ratos, y al Mutan Zone no se acerquen ni locos. Pero antes los juegos se programaban en tres semanas, y entre los programadores había estrellas veneradas por las revistas y que… no me digan que “como ahora”. Como ahora no. Me parece bien que tengamos a Molyneux en un altar, pero Matthew Smith sí que era un titán: se inflaba a anfetas, programaba Jet Set Willy en un fin de semana, y cuando cobraba, convertido en millonario sin haber cumplido los veinte años, se dejaba llevar por una vida de excesos propios de estrellas del rock (putas, drogas, destrozo de habitaciones de hoteles) que acabaron como todos conocemos: dando pie a una de las leyendas más punk de la industria. Me da igual que haya equivalentes en 3D del Monty on the Run, que posiblemente los haya, pero no se trata de eso. Se trata de que antes había pequeños estudios que hacían lo que les daba la gana, que los juegos los podía programar una persona o dos, que las series medias eran un universo de juegos raros y proyectos abominables. No se queden en la superficie: sé que es imposible volver a aquello, y no quiero volver a aquello, qué demonios. Pero coincidirán conmigo en que había un tiempo en el que, cuando leías en la portada de una revista “El juego de acción del año”, joder, había posibilidades de que lo fuera, por la sencilla razón de que esa gente estaba inventando un medio, y no se equivoquen, fuimos unos privilegiados por vivir el nacimiento de un lenguaje, que se dice pronto. Ahora díganme ustedes qué sienten cuando leen encima del título de un juego en la portada de una MicroManía “El juego de acción del año”. Eso mismo. Que no tiene nada que ver con los juegos en sí.

¿Recuerdan su primer polvo, su primera droga, su primera borrachera? La pérdida de la inocencia mola, yo no echo de menos mis doce años. Pero cuando no tienes más remedio que cambiarla por cinismo, entonces es cuando ya mola menos.

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