Estoy respondiendo a una entrevista hipertocha sobre videojuegos, lenguaje interactivo y esas cosas que tantos puntos nos están dando en el concurso de nuestros amores. La leerán, me imagino, la semana que viene, ya les pasaré el link. Entre pregunta y pregunta, juego un par de partidas rápidas, hipnotizado, al bellísimo y ultrasimple 3D-SF Cave. Pulsando el botón derecho del ratón ascienden, soltándolo descienden. Un mecanismo idóneo para juegos de plataformas portátiles y, sobre todo, móviles, en los que no entiendo, simplemente no alcanzo a comprender cómo se ponen a hacer versiones del Prince of Persia pudiendo recurrir con éxito a los trucos más viejos y efectivos del mundo. Si les gusta el jueguecillo, inténtenlo en versión transversal: SF Cave. A mí me gusta incluso más que la versión tridimensional: la idea de la estela es preciosa, en conjunto es más manejable y variado (a pesar de la pérdida del componente lisérgico), y puede entenderse como una versión para mancos/pacifistas del Salamander. Y tan anchos. Bueno, y tan estrechos, más bien.
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