John Tones
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Le nominaron a un Oscar, pero sigue pagando los juegos de su bolsillo.
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Nuevo lo tengo, señora
// Posteado por John Tones
March 28th, 2005

Es tendencia, desde hace unas jornaditas, en los blogs de videojuegos de medio mundo, cascar y cascar sin aparente pausa sobre el New Games Journalism, sus pros, sus contras, sus trancas y sus barrancas. Lo hicieron en el fenomenal blog de The Guardian, apostilló Game Girl Advance (puritito NGJ aunque no lo confiesen), que apostilló a su vez sobre la apostilla. Todo esto viene a que en UK Resistance se cagaron en el NGJ con argumentos un poco de vieja gritona (aunque aportando una excelente contra-lista a la de The Guardian, esta vez de artículos sobre videojuegos a lo old school journalism). La puntilla en nuestro idioma la pone, aparte de las ocasionales aportaciones al tema de Elástico, un fenomenal post de A Clockwork Orange en el que se dice tan claro que hasta zumban los oídos: “NGJ es Edge, lo que siempre ha sido Edge. Mientras, Insert Credit parodia el estilo ombliguista del subgénero y Kieron Gillen ya comienza a fabricar, depurando y potenciando los delirios de Red Eye la primera variante del novísimo estilo en su blog: el Gonzo New Game Journalism (sí, lo leyeron primero en Mondo Pixel).

Mondo Pixel, por su parte, no se atreve a posicionarse dentro de ninguna etiqueta, porque por otra parte el NGJ acaba de llegar y (aunque ya hay cierta fría, distante, teórica definición oficiosa) están aún sin precisar cuestiones tan elementales como: ¿sirve este nuevo género para poner a parir a un juego? Lo que sí tengo claro es lo que no es el NGJ (por favor, que nadie se sienta aludido): ni Meristation, ni Micromanía, ni IGN. El NGJ se aleja, no de las puntuaciones (Edge puntúa), sino del espíritu sincrético y práctico que hay tras ellas. Las puntuaciones en Edge las veo como una cosa inútil (lo que importa es el texto) a excepción de cuando es un 10 (la última vez, para el Half-Life 2, yo lo vi, yo estaba ahí), que entonces todas las demás puntuaciones toman sentido súbitamente, como en una revelación. Es algo muy distinto del estúpido 9’45 de la revista/web de rigor para el Juego del Mes (estúpido por los decimales, claro).

Mondo Pixel, decía, no termina de posicionarse dentro de esta etiqueta, porque odio, siempre he odiado los delirios egomaniacos de “Puse el Resident Evil 4 mientras mi novia gritaba que se iría de la habitación si volvía a hacerlo. No me importó. Lo hice. Mi novia me ha dejado, pero mi escopeta de cañones recortados sigue ahí”. Pero creo que hay formas más inteligentes de acercarse a la crítica lúdica que con el sempiterno “Gráficos: Mejora notablemente el número de polígonos por segundo que gestiona con respecto a su notable (aunque anticuado) precedente. Este apartado merece un 8, que se ve reducido a un 7’5 por la pésima decisión de no incluir un selector de 50gh entre las opciones de configuración”. Concretamente, una que no olvide el pasado y que tenga un pie en el futuro del medio, que esté abierta a infuencias externas que a la mera narrativa videojueguil, y mil cosas más. Esto último ha quedado como muy evangelizador. Miren, resúmanlo así: no me gusta que me traten como a un imbécil. O al menos que se note. Me da igual si lo hacen como en la vieja guardia o están renovando la dialéctica del videojuego en el proceso.

En cualquier caso, yo no venía hoy a hablarles de NGJ (no está mal como intención, ¿eh?), sino del mejor ejemplo de NGJ involuntario que se ha escrito en cristiano, y por extensión, una de las mejores críticas de videojuegos que he leído en nuestro idioma: el Thunderforce IV para Megadrive según Gamerah.com, escrito a tres manos y planteado como una discusión continua en términos absolutamente especializados, pero sin detenerse en mandangas (¿los gráficos? ¿qué importan los gráficos en un matamarcianos más allá de su funcionalidad momentánea?), y yendo a lo que importa, o (aquí viene) lo que les importa a ellos. Es decir, la contraposición de un estilo viejo de juego, el que da importancia a avanzar frente a un estilo más novedoso, en juegos mucho más breves pero en los que prima la búsqueda de la partida perfecta, ese santo grial de las narices. Sin embargo, el artículazo no sólo discute los pros y los contras de cada una de las variantes (con un poco de sentido común, ojo, dando razones más allá de “mola” o “no mola, y te callas”), sino que traza por el camino un sugestivo árbol genealógico desordenado de estilos y nombres propios. Las sensaciones con las que me quedo tras leer este artículo son tres, y las tres son a su vez las grandes ventajas de las mejores muestras de este NGJ (que también hay chufas, claro, pero no es el caso) que estamos viendo crecer y diversificarse a pasos de gigante: 1) No está claro si Thunderforce IV está bien o no, pero nos quedamos con una imperiosa necesidad de jugarlo para formarnos nuestra propia opinión, que siempre será, ahí, ahí, una opinión posterior al artículo, y por tanto, condicionada por él. 2) No sólo eso: nos quedamos con ganas de revisar todo el puñetero género gracias a la fugaz pero contundente disección que se le hace, a lo tonto tonto, a lo largo del artículo. 3) Una vez hechas ambas cosas (en la medida de lo posible: el punto dos no es moco de pavo), necesitamos entrar en la polémica, aportar un nuevo punto de vista que, gracias a la radical subjetividad de los textos de este estilo, siempre es bienvenida. Y aquí está. Mi punto de vista. ¿No?

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