Aún no he profundizado en el San Andreas, pero hasta donde he visto, estoy completamente de acuerdo con David en su estupenda aproximación a lo que es el juego que con más expectación hemos recibido en mucho tiempo. Pero, y espero no ganarme ninguna bronca con esto, como Mondo Pixel favorece el pensamiento lateral, o al menos, el alternativo, vamos a ser malos con nuestros propios ídolos. Utilicen los comentarios de este post para responder a esta pregunta, que por supuesto, va con segundas, con terceras y con todo lo que quieran: desde luego, el juego ha respondido positivamente a todas las espectativas que habíamos puesto en él, pero ¿es San Andreas un juego rigurosamente perfecto? Dicho de otro modo: ¿qué defectos tiene San Andreas? Por supuesto, no me vale “Es que no me gusta que los juegos me den tanta libertad”. Gustos aparte.
Comienzo yo, y lo hago, perdonen, desde un par de partidas que no deben sumar más de cuatro horas de juego. Como decía David, San Andreas parece llevar hasta el límite las posibilidades gráficas de la Playstation 2. Más que la complejidad de los gráficos, me impresionó la naturalidad de los movimientos de los personajes. Sin embargo, noté con horror que en ciertos momentos a la PS2 le costaba, no podia más, algo que ya experimenté en su día en la Playstation y con uno de los abuelos de la serie GTA, el Driver 2, que se pasaba de perfección gráfica: ralentizaciones, exceso de pop-ups… No lo he visto tan marcado en San Andreas, y de hecho es posible que se trate o de mi consola o de mi copia del juego, pero… ¿soy el único? Más: en los diez primeros minutos de juego asistí pasmado a abundantes problemas de detección de colisiones. Mi personaje medio atravesaba puertas inexistentes, medio era atropellado por coches que salían de la nada… La primera persecución en bicicleta, con una de las bandas enemigas tiroteándome a mí y a mis compadres desde un coche fue espcialmente caótica en ese sentido: el sistema de detección de colisiones me hizo temblar. Curiosamente, el problema se solucionó mágicamente. O eso, o no he tenido ocasión de volver a sufrirlo. ¿Soy el único? Es más: ¿soy excesivamente pejiguero? Desde luego que sí: consideren los pros que enunciaba David y contemplen mis pequeños contras, y verán que no hay color. Pero… ¿hay más contras?
Un último lloro: la sensación de perderme en la autopista con la bicicleta fue asfixiante, pero no necesariamente fascinante o agradable, no sé si me explico. Aunque eso ya entra en neuras personales.
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