John Tones
50% furia, 50% pochez: ¡Pí­xeles como puños y puños como pí­xeles!
eunice szpillman
Pizpireta y talentona, diseñó todo lo que ven y parte de lo que no ven.
Chaiko
Como persona, excelente. Pero no se le acerquen cuando tiene una granada.
Mr. Asterisco
Overdriveado todo el santo dí­a y con espí­ritu de Metal Slug.
Nacho Vigalondo
Le nominaron a un Oscar, pero sigue pagando los juegos de su bolsillo.
WordPress
Le nominaron a un Oscar, pero sigue pagando los juegos de su bolsillo.











Seguimos en nuestra línea de cacharrería insensata para jóvenes especiales. Ahora, con el suministro de www.hardcore-gamer.net






Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Puedes copiarla bajo sus términos, que incluyen el enlace a la página donde aparezca el texto copiado. Si no puedes enlazar, pon el URL del sitio: http://www.mondo-pixel.com/.



Web optimizada para Firefox. Si usas Internet Explorer es tu problema. No queremos llantos.
Arrebatado
// Posteado por John Tones
October 28th, 2004

Ya saben que aquí somos no-stálgicos. Es decir, estamos en contra de la nostalgia cuando funciona como mecanismo que anula el criterio, como una capa de barniz que elimina todos los defectos del pasado. Hemos hablado largo y tendido de ello, en posts como este, pero reconozcámoslo: hay momentos en los que mola. A mí me gusta cuando se parece al Síndrome de Stendhal, que es ese arrebato semimístico que sufren algunos amantes del arte cuando se topan con alguna obra de gran magnitud, y tanta belleza de sopetón les lleva a un estado muy similar a un ataque epiléptico: convulsiones, vómitos, desmayos. A veces, la nostalgia es como un miniarrebato stendhaliano, menos llamativo y que llega sin avisar, que ataca varios sentidos a la vez y que elimina (ahí íbamos) todo tipo de criterio. El último me dio ayer, cuando ojeando una Retro (el suplemento cuyo contenido se imaginan y que va incluído en cada número de Games™) andaba hacia el ascensor del edificio donde dejo escapar las horas más preciosas del día. Junto al ascensor están los servicios de la planta y, en ese preciso instante, los estaban fregando. Justo cuando pasaba una página que me llevaba a una imagen del Iron Horse, me llegó un penetrante hedor a lejía y desinfectante.

Dediqué muchas horas a esta recreativa en un extinto bar de mi pueblo llamado “Las Palmeras”, aunque ya prácticamente me había olvidado de ella. La máquina estaba situada junto a los servicios y cuando yo llegaba el sábado a media mañana para echar la primera partida del día (a menudo yo mismo encendía la máquina), los camareros acababan de fregar y el olor que salía de los servicios era exactamente el mismo. Exactamente ese. El de ayer a la salida del curro. Cuando, junto a los ascensores, me vi súbitamente transportado a un periodo indeterminado de mi infancia, tuve que apoyar el culo contra la pared, cerrar la revista y respirar hondo.

Lo que no me impide reconocer que cuando probé el juego con el MAME, me pareció tirando a flojo. Ni siquiera despertó en mí ningún recuerdo especial: lo había conseguido el desinfectante de baño, la combinación de pestazo a lejía y toparme súbitamente con un recurdo que permanecía archivado en mi memoria y al que no recurría desde hacía años. Curioso, cómo funciona la nostalgia, ¿eh? Molesta cuando no te permite pensar con claridad (o cuando ves que no deja a los demás), pero cuando asalta de golpe y porrazo, lanzada a toda velocidad contra nuestro cerebro por un cañón cuya mecha puede ser de lo más banal, bueno… es agradable descubrir que dentro de uno aún hay trechos por explorar.

Lee los comentarios en MondoPixel Classic





Comenta: