Aun tienen tres días para pujar en el impresionante subastón que está siendo la comidilla de todos los foros videojueguiles. Las fotos son espectaculares, básicamente producen la misma sensación que me asalta cuando entro en una megatienda del ocio y hay apiladas, qué se yo, seiscientas Xbox, todas negras, todas oliendo a plástico nuevo, todas despelotadas y susurrando mi nombre. Yo, por supuesto, no tengo ni el tiempo ni las ganas ni el dinero, ni por descontado, el espacio necesario para pujar por esto, pero he pasado un buen rato observando las fotografías. Las montañas de playstations, o los armarios petados de NES tienen la extraña belleza de las bibliotecas. Si, como yo, alguna vez han estado obsesionados con los libros como objetos aparte de cómo caudales de información, habrán pasado horas deambulando por bibliotecas, cuanto más descomunales y extrañas sus secciones mejor, toqueteando lomos y mareándose ante el sencillo cálculo de palabras, significados, mensajes que tienen ante si. Y a menudo me debí quedar corto. Con las imágenes de esta subasta he sentido algo similar. Ordenadas, apiladas, matemáticamente perfectas, y cada una capaz de dar a luz tanto ruido y tanto movimiento… tsk, tsk… si al final soy un sentimental y todo.
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