Me entero por una revista de tendencias cuyo último número tiene una portada espantosa (les va a costar encontrarlo: este mes todas las revistas de tendencias son especialmente feas, y eso que a mí me piden un flyer y yo mando un banner) de este proyecto de Nike, consistente, podríamos decir, en un estudio multimedia sobre la velocidad, y caigo en la cuenta de hasta qué punto la alta velocidad es una exigencia de los videojuegos (de reflejos al jugador, de número de polígonos móviles por segundo a las máquinas). Por eso fue una agradable sorpresa encontrarme de rebote con In the Hunt, clásico ignoto de los arcades emulado por el MAME. Se trata de un shoot’em’up de desarrollo horizontal y sin grandes complicaciones: avanzar, aniquilar, dos final bosses por fase, power-ups desperdigados aquí y allá… Lo curioso es que la nave que controlamos, por primera vez, no es nada supersónica: se trata de un submarino, yo diría que incluso pelín desvencijado, que se menea con una marsiona horrorosa ante los enemigos que se abalanzan hacia nosotros, también haciendo gala a su vez, de cierta inquietante y muy extraña tranquilidad. Por una vez, que los proyectiles de nuestras némesis se aproximen a su objetivo a pasopava no es cosa de dificultad chapuceramente fácil en las primeras fases del juego, sino cuestión de (agárrense) realismo. Curioso, ¿verdad? Así mismo, contamos con dos tipos de disparo: por un lado el horizontal de toda la vida, y por otro una especie de cargas verticales que golpean hacia arriba en la superficie del mar, y dos cargas de profundidad que caen hacia el fondo del maer matarile a velocidad ultralenta, y que habrá que soltar haciendo buen uso de las corrientes marítimas -para nada un adorno, sino más bien un detalle que multiplica las posibilidades del juego-. El caso es que gráficamente In the Hunt es un prodigio de colorido, y los enemigos y decorados están diseñados con un buen gusto que no se suele ver a menudo, además de exhibir el conjunto un ambiente steampunk inconfeso muy majo. ¿Y saben? Por una vez., por eso mismo, porque se me antojó un juego sumamente agradable de mirar, me pareció estupendo encontrarme con algo que, nada más empezar a jugar ya clasifiqué como un shoot’em-up ralentizado.
Y difícil como mil demonios. Diantre.
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