Leyendo el interesante The Medium of the Videogame, un libro colectivo supervisado por Mark J. P. Wolf, en un capítulo dedicado a la plasmación del espacio en los videojuegos, caí en la cuenta (bueno, caían ellos, yo me limito a contárselo a ustedes) de lo interesante que resultaba, en ese sentido, el Spy vs. Spy. Se trata de un título que yo caté en el vetusto Commodore 128 con unidad de disco de un amigo y que está basado en las míticas (estas sí) tiras cómicas publicadas desde hace varias décadas en la revista MAD. En ellas, dos espías, uno de luto riguroso y otro de blanco nuclear, se atacaban sin piedad en retorcidas batallas campales. Lo curioso del juego es que, claramente concebido para ser jugado por dos jugadores a la vez, favorecía una dinámica de juego muy peculiar.
La pantalla de Spy vs. Spy estaba dividida en dos. En cada una de ellas estaba situado un jugador (o un jugador en una y el ordenador en otra, en las mucho más aburridas partidas para un jugador), que iba ubicando trampas de todo tipo en el decorado (bombas, cubos con agua, manchas de aceite) para cargarse al otro. Lo curioso del caso es que las dos habitaciones estaban a la vez en pantalla, haciendo perfectamente posible que un jugador viera qué estaba tramando su contrincante. Es curioso, porque aunque ha habido juegos en los que se veía a los dos contendientes a la vez en pantalla (el PONG, sin ir más lejos, o cualquiera de lucha), en todos ellos vemos los ataques del contrario, no su estrategia. Supongo que habrá juegos de eso, de estrategia, en los que sea posible establecer una relación así con los otros jugadores, pero Spy vs. Spy es, básicamente, un arcade. Aprovechar cuando el otro jugador está atendiendio a su pantalla para plantar una bomba aquí y allá, poner trampas de distracción, espiar al contrario (resulta lógico, ¿no?)… obviamente, hay muchos menos matices compitiendo con la máquina. Una gozada: la dinámica de 50% observación + 50% acción me resulta hipnótica. ¿Más ejemplos?
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