Leía hace unos días en la muy recomendable Hipocondría Demagógica un post dedicado al Stunts, un juego al que dediqué horas y horas de mi adolescencia. El juego lo conseguí vía instituto (esto es, copiándolo de los ordenadores del aula de informática), y acabó por convertirse en una verdadera obsesión, gracias a su sencillísimo editor de circuitos y las espectaculares repeticiones, que además podían guardarse. En mi casa creamos decenas de circuitos, todos con sus particularidades.
La buena noticia es que los juegos buenos nunca mueren, y Stunts no podía ser menos. Podéis obtener la versión original, ya abandonware, en webs como La Selva del Camaleón. O bien podéis seguir el desarrollo lento pero seguro de un remake, Ultimate Stunts, que promete poner al día un juego absolutamente mítico para cualquiera que lo haya probado.
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