Me leí Arcade Fever de John Sellers en prácticamente un par de días, y eso porque incluye abundantes ilustraciones en las que me ha gustado detenerme a menudo. El texto es corto, cortito, ya que la dialéctica geek y nostálgica de “el Space Invaders, ah, qué juego, qué grandes momentos pasé gastándome la asignación matando marcianos que inexorablemente descendían buscando mi muerte segura y, con ella, la destrucción del planeta” cada vez me carga más. Es una forma de tratar los juegos vacía, tópica y que no aporta nada. La confirmación de que Sellers no sólo es un pajero del mal sino, directamente, un tío listo insoportable llegó con la página de disclaimers a la que presté atención al terminarme el volumen. Amazon la escanea aquí y se resume así de fácil: Sellers no aprueba el uso de emuladores como el MAME para jugar a todos estos juegos, básicamente inencontrables de ningún otro modo (y fuera de Estados Unidos, ni hablamos), porque no son the real thing. Hay que ser muy elitista y muy capullo para despreciar de modo tan superficial un programa como el MAME, que no sólo proporciona la posibilidad de jugar a títulos clásicos que de otro modo habrian permanecido inaccesibles para el aficionado de a pie, sino que además efectúa una labor de arqueología retroinformática de primera, recuperando títulos ignotos, versiones alternativas y demás. Como me decía David el otro día que afirmaban los propios programadores, jugar es sólo un interesante efecto lateral del MAME. A Sellers, que se declara fan de los juegos clásicos y no es capaz de ver algo tan obvio, en realidad no le gusta el Bomb Jack. Lo que le gusta es su propio ombligo.
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