Andaba yo la otra mañana disfrutando de una sesión de M.A.M.E., machacando el pad en algunos de mis juegos favoritos, cuando caí en la cuenta de que el protagonista del juego, en este caso Sir Arthur, héroe del Ghost N’ Goblins, era el quinto caballeroso y pixelado héroe del día: ya eran cinco las gallardas mozas que eran secuestradas por el malvado de turno en otros tantos juegos.
Y la verdad es que, si hablamos de juegos con argumento, bien sea fundamentado o bien en forma de excusa para los cinco duros, hemos salvado tantas fermosas doncellas como veces hemos liberado algún mundo o plano místico de fantasía. Si, somos unos héroes de tomo y lomo, vaya. Y que poco nos lo agradecen; y es que, con un besito o un abrazo durante los títulos de crédito del juego, nos damos por satisfechos. ¿Es que vamos a estar siempre detrás de ellas a salvarlas?
Pues eso parece ser algo que tenía bastante quemado al malo de Double Dragon II: The Revenge, el juego que arranqué a continuación. Tras la primera parte, en que le damos una soberana paliza a él y a sus sicarios, para no correr riesgos, decide meterle plomo generosamente a la novia de los protagonistas (la muy promiscua, ¿quien no ha tenido que pelear por ella al final de Double Dragon con el compañero de turno?) y acabar con su existencia allí mismo.
Ni que decir tiene que, tras un par de horas de rescatar gente, el ataque de risa que me dio, pese a haber visto la escena cientos de veces, fue considerable.
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