Fans de la tecnología retroabsurda, agárrense. A través de Insert Credit he llegado a este interesante reportaje acerca de un fenómeno convergente que desconocía (francamente, ni había imaginado que fuera posible) entre música y videojuegos. Concretamente, de vinilos y spectrums. ¿Veo brillar algún ojillo, temblar alguna mandíbula? No me extraña.
Algunos grupos y solistas pop (por lógica, relacionados en la mayoría de los casos con el tecnopó ratonero que tanto gusta a algunos miembros de Mondo Pixel) de finales de los setenta y principios de los ochenta, incluyeron en algunos de sus vinilos programas para Spectrum. Tenemos que remontarnos a una época anterior al advenimiento del cassette como medio de reproducción musical, y por supuesto, a mucho antes de la llegada del CD, en los que técnicamente es sencillo la inclusión de juegos y pistas interactivas tan vacuas y aburridas como la propia música de los últimos quince años (sí, estoy generalizando, ¿qué pasa?). De la relación juegos-pop se puede hablar como para escribir un libro (¡¡ese Frankie Goes to Hollywood!!), pero este breve (e ilustradísimo, por suerte) repaso se centra en los vinilos que incluían, normalmente en su conclusión, surcos sonoros que podía leer un Spectrum. Lo único que había que grabar el crispante sonido en una cinta, y esta podía ser interpretada por un flamante Sinclair. No me negarán que es encantador: de un ingenio tremebundo, en una era pre-digital, como cuando algunos cogíamos una grabadora de cinta y grabábamos los créditos finales de una película para disponer así de la banda sonora.
Entre estos experimentos hay de todo: desde experimentos proto-multimedia (el de Peter Shelley en su “XL-1”, donde hay un programilla que debía ejecutarse mientras se escuchaba el resto del disco y que ofrecía imágenes y letras de acompañamiento para el disco) hasta juegos hechos y derechos (el Thompson Twins Adventure Game), por no hablar de relaciones decididamente absurdas entre el Spectrum y los usuarios más pop (como la tumultuosa historia de Chris Sievey, sus programillas amateur, sus bandas sonoras para juegos ignotos y sus pequeños grandes éxitos, como I’m In Love With The Girl At The Manchester Virgin Megastore Checkout Desk). Y casi todo, descargable para comprobar, cada cual en su emulador, que la frase “zapatero a tus zapatos” suele llevar implícita grandes verdades pero, nah.. sería todo tan aburrido…
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