Hay algo que hace maravilloso el mundo de la emulación, y no es sólo el recordarnos nuestros juegos favoritos o salvaguardar esta forma digital de arte. Hablo del recuerdo de todo aquello que rodea a cada juego, esa capacidad para estimular nuestra memoria en busca del espacio que rodeaba aquel montón de pixels. Yo siempre relacionaré el Super Probotector con mi buen amigo David, o el Double Dragon con una casposísima sala de máquinas que había en mi ciudad.
Y es que, aquellas salas de juegos recreativos, donde muchos pasábamos buena parte de nuestras púberes vidas, eran un auténtico microcosmos en si mismas (¿alguien recuperó o devolvió los famosos “cinco duros, que mañana te los devuelvo”?). Con un ambiente a caballo entre guardería y patio carcelario, aquellos locales eran fuente y destino de todo tipo de historias, y he aquí lo que me vino a la memoria la otra noche mientras disfrutaba de mi sesión diaria de M.A.M.E.
El tiempo pasaba muy despacio y las historias, en buena parte de ocasiones, giraban alrededor de las propias máquinas recreativas o coin-up, creando y dando forma a todo tipo de leyendas urbanas.
Dos de estas historias, a cada cual más absurda (pero no lo parecían entonces, ¿verdad?), asaltan mi mente.
Una de ellas se basaba en la absurda profecía que se centraba en Double Dragon. En esta maravillosa coin-up había un momento, en la penúltima fase, que encontrábamos una piedra al lado de un barranco, con la luna al lado. Pues se decía que si dábamos una patada a la piedra, de modo que desapareciese (cosa inevitable, debido a un bug del juego) al tocar la luna, las odiosas piedras de la última fase serían mucho más fáciles de rebasar.
Aun sigo dando la maldita patada, por pura inercia temporal…
Otra de estas historias decía que si en la primera pantalla de en Rastan Saga, donde salían de fondo las estatuas (en un homenaje a cierto libro de Tolkien), saltábamos con la espada en alto, la partida sería mucho más fácil. Increíble que nos tragásemos ésta…
Aun así, recuerdo leyendas que se confirmaron, como el famoso truco de Bubble Bobble, que permitía iniciar la partida con todos los power ups del juego.
Como conclusión, me gustaría decir que estuve a punto de buscar más información sobre esas leyendas cutres de salón recreativo, pero pensé que sería algo frío, y que seguro que, las aportaciones a la reseña de todos los lectores que estarán haciendo memoria en este momento, serían mucho más elocuentes y veraces.
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