Me muevo entre hombres vestidos de mujeres, lolitas como cheerleaders y policías de cartón piedra. Y mientras tanto, por la calle, restos de confetti.
No sé a ustedes, pero a mi me encanta el carnaval. Será que por estos galaicos lares tiene un aquel de bizarrismo que no se encuentra en la bestialidad de Rio de Janeiro y que aquí se comen filloas con sangre, se corre a palos al respetable o unos tipos enfundados en pieles de oveja se lanzan sobre un pobre individuo hasta aplastarlo. Literalemente.
Pero el carnaval, como el sexo o, si me apuran, la misma droga, acaba por cansar de puro abuso. Y el videojuego, en esto de los disfrazes, viene utilizando su particular baile de máscaras desde quién sabe cuanto.
Pensaba en la feria de las vanidades de las secuelas, en el disfraz de una misma idea, al hilo de Máximo vs Army of Zin y Dark Alliance 2. Ambos, ejemplos perfectos de cómo uno puede ahondar en una saga y aderezarla de nuevos matices o bien tirar del hilo y añadir argumentos vacíos a un concepto que se gasta desde los primeros minutos de partida.
Con Máximo, Capcom nos ha dado a todos una lección de secuelismo. Me explico. Se mejoran defectos y se añaden nuevos aspectos; en este caso, variedad de enemigos y mayor interactuación en espacios cerrados. Pero el juego sigue ahí. O no, mejor. El juego, ha evolucionado. Es decir, nuestro protagonista crece, se vuelve más cínico, más descreído, incluso conserva una cicatriz a modo recuerdo de hazañas pasadas.
Que la vanguardia no es sinónimo de buen videojuego lo sabemos todos. Máximo lo ilustra a la perfección. No tiene más secreto que el avanza, mata y vuelve a avanzar; pero el acierto de Capcom se divide a partes iguales entre un inmejorable gusto visual y otro tanto del dominio del ritmo, mezclando fases de temática plataformera con poemas a mi idolatradao hack and slash.
Dark Alliance 2 es su antónimo. Puro ejemplo de lo cómodo que puede llegar a ser esto del videojuego. Confieso que no he indagado mucho más de una hora. Quizás porque servidor no estaba para exploraciones por los Reinos Olvidados; o quizás porque sencillamente no soporto el prólogo, tan absurdo que a uno le quita las ganas de seguir jugando. Una animación en la que se nos muestra a los tres personajes protagonistas de la primera parte llegando al final de su aventura. Y no lo hacen como Máximo, cascados, cínicos y cansados; sino que visten ropas limpias, el enano parece llevar pantalones de pana y el arquero un sueter a lo Robin de los Bosques made in Hollywood.
Visto eso, me resultaban indiferentes las variaciones en el sistema de control, la mejora de mini mapa o la obscena cantidad de nuevos hechizos.
Llámenme caprichoso. Llámenme lo que quieran. Yo sigo en mis trece. Pensando que una secuela no es solo repetición de los mismos patrones, sino entierro de errores y glorificación de aciertos. Pero sobre todo, evolución de personaje; por mucho que éstos (es el caso de Dark Alliance) no pasen de la figura testimonial en los primeros segundos de partida.
Este será año de secuelas. El amigo Morgan, los Barones del Infierno de Carmak o la relucinete armadura del Master Chief . Espero que todos lleguen como Máximo o como Payne. Cansados pero no muertos. Peinando canas y presumiendo de cicatrices.
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