John Tones
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Le nominaron a un Oscar, pero sigue pagando los juegos de su bolsillo.
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06. Macedonia de Lenguajes (II)
// Posteado por John Tones
January 6th, 2002

La enigmática pregunta con la que concluímos Mondo Pixel 5 fue: ¿llegaremos a alguna parte en el trasvase de lenguajes entre cine y videojuegos? A mí también me gustaría saberlo. Mucho. Siempre me ha parecido fascinante que un lenguaje con su propio sistema de signos, con sus códigos ya implantados y a veces no explicados intente imitar otro código, hermano o no, similar u opuesto. Los resultados pueden ser mejores o peores (la mayoría de las veces, irregulares, y ahí está su encanto), pero siempre son interesantes. Ejemplo para quien se haya atragantado después de todo un párrafo de abstracciones: ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, mezcla pluscuamperfecta, como sabéis, de dibujos animados e imagen real. El director elegido, a mi juicio, el ideal: Robert Zemeckis, que ha demostrado en películas como La Muerte Os Sienta Tan Bien una capacidad inigualable para crear dibujos animados de carne y hueso, capacidad a mi juicio sólo igualada por Peter Jackson (por cierto, que Agárrame Esos Fantasmas, indudablemente una obra injustamente menospreciada, fue producida por Robert Zemeckis)… pero no nos dispersemos.

La grandeza de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? no estaba en que mezclara con fluidez el mundo toon y el mundo real, sino que unos mundos contagiaban a otros: las frases más emotivas, la relación más real de las que aparecían en la película era la que tenían (sufrían) Jessica y Roger, mientras que los comportamientos más esquemáticos y extremos eran los de los personajes reales (esos ataques de furia de Bob Hoskins, más propios del Pato Lucas que de Humphrey Bogart). La prueba de este contagio de comportamientos estaba en una de las frases que decía Bob Hoskins cuando el Juez Doom contaba su demencial idea para acabar con Toontown y acababa desvelando su identidad, en realidad tan toon como Roger o Jessica: “Esa idea sólo se le podía haber ocurrido a un dibu“. Es decir, las ideas demenciales son propias de personas, y los sentimientos reales y tridimensionales son los de los dibujos animados.

Ahora, comparad ¿Quién engañó a Roger Rabbit? con Los Picapiedra, una producción que piensa que el chiste está en hacer que lo que era dibujos animados en el original se convierta en réplicas tridimensionales. No conozco a nadie que no piense que el resultado fue un descomunal y oloroso churro, y no precisamente porque el modelo no estuviese bien imitado. Pero una vez que el espectador comprobaba la (indudable) habilidad de los responsables de la película para clonar, por ejemplo, los títulos de crédito de la serie (sin duda, lo mejor del conjunto), la cosa quedaba tirando a desangelada. El problema, posiblemente, era que ni a los guionistas ni al director les interesaba una mierda la serie original o, yendo un poco más allá, el concepto mismo de Dibujos Animados.

El equivalente a Los Picapiedra, The Movie de las adaptaciones de videojuegos a la gran pantalla es Super Mario Bros. Tenían a un fontanero carismático, rechoncho y saltarín, a toda una saga de juegos en la que basarse, y ¿qué hacen para adaptarlo? Una elección de casting impecable, qué duda cabe (aunque yo habría escogido a un Luigi más viejo… siempre encontré sorprendentemente parecido a Luigi y a un Robert De Niro con bigote), y un guión de auténtico derribo. Un producto que ni gustó a los fans del videojuego, ni a los despistados que esperaban una película de acción al uso. El motivo, muy sencillo: como en Los picapiedra, los responsables de Mario Bros creyeron que era suficiente con tridimensionalizar las imágenes, sin percatarse de que un videojuego es algo más que un puñado de pixels, al igual que unos dibujos animados son algo más que un puñado de pintarrajos en hojas semitransparentes.

Un paso, no adelante ni atrás, sino hacia el lado, se dio con Mortal Kombat, una película curiosa porque no terminaba de dejar claro qué fue antes, si el huevo o la gallina, si el cine de artes marciales moderno o los juegos de lucha. Una película curiosa y que, al menos en este que suscribe, fan fatal de la saga de arcades, despierta una simpatía considerable al aprovechar bastante mejor de lo que lo hizo Street Fighter todo el ambiente y los personajes peliculeros del juego, aunque el resultado no fue más que un inflamiento de personajes y situaciones divertido, pero poco revolucionario.

Curioso:. Nos hemos quedado en el mismo sitio que en la anterior entrega: a punto de hablar de Tomb Raider y de St. John´s Wort. Pero al menos seguimos hurgando en La Cuestión: qué es lo que, en mi opinión, debería resultar de un choque entre la dimensión narrativa de los videojuegos y la del cine. O qué no debería resultar. Ahora sí: las buenas, las que merecen la pena, en la próxima entrega de MondoPixel.





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